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■ Más que la voz, el talento y la intuición, lo importante en el canto: Pedro Lavirgen
Iniciaron clases magistrales de canto como extensión del FIMM
■ Participarán 22 cantantes procedentes de distintas ciudades del país
Carlos F. Márquez
“Para hacer una carrera en el canto, yo no considero que la voz sea lo más importante, ¡esto asombra a todo el mundo!, pero lo más importante es el talento. Luego hay otra cosa que llamamos intuición, intuición para el canto y saber expresar un sentimiento. Hay quien tiene talento, pero es un talento frío, no conecta bien el sentimiento espiritual, con el poder de transmisión de la técnica impecable”, afirmó el tenor español Pedro Lavirgen, que el día de ayer dio inicio a una serie de clases magistrales de canto que forman parte de los cursos de extensión académica del Festival Internacional de Música de Morelia (FIMM).
El ganador del Premio Nacional de Interpretación Lírica conversó con los medios de comunicación locales sobre los elementos que considera necesarios para realizar una carrera profesional en el canto, el status de los cantantes de ópera que han llevado el género al terreno de lo mediático, y en tono confesional habló de su silencio, del cual emerge solamente una vez al año impelido por el fervor religioso.
“Hay que saber estar en el escenario, saber librarse de la presión que supone el público, las luces del escenario, el maquillaje, el estar aislado en una parte superior respecto al público, saber que uno está expuesto a la crítica de varios miles de oídos, de ojos y todo. Si esa presión no se supera, por mucho talento que se tenga, no se va a hacer una carrera. Estos son los elementos que yo establezco como necesarios para poder llegar a una carrera; aún así, en muchas ocasiones gente que tiene estos requisitos a simple vista enfrenta dificultades para hacer una carrera y uno se pregunta: ¿pero por qué este hombre o esta señorita no cantan ya en grandes teatros teniendo todo lo que tienen? Hay algo que a veces se escapa a la observación del crítico, el empresario o el maestro, es algo que tienen los cantantes y que el público capta casi de manera inconsciente.
“En España tuvimos un tenor famosísimo, un gran divo: Alfredo Kraus, un tenor de los que se llaman líricos. El decía que el temperamento de un cantante era intelectual, se trataba de fingir, yo estaba radicalmente en oposición. Si el sentimiento no se transmite porque se siente, el público de manera global entiende cuando no hay alguien arriba que los enganche, entonces, el temperamento frío o calculado para mí no es bueno. El temperamento tiene que ser sentido, aunque eso te gaste más física y anímicamente. Yo te puedo decir que cuando cantaba Carmen perdía un kilo de peso y lo que decía la gente y los críticos era: ése es un hombre con gran temperamento y poder de transmisión. Hay una onda misteriosa y ustedes los mexicanos son un poco esotéricos, piensan mucho en este tipo de cosas, hay un hilo invisible que es el que comunica al público ese sentimiento del cantante”.
Pedro Lavirgen, quien fue distinguido en su país natal con la Medalla al Mérito Artístico, hizo un recuento de su trayectoria a grosso modo, como una manera de ejemplificar las múltiples alternativas que tiene un cantante para la supervivencia: “cuando un alumno llega a mi casa le digo: en esta profesión se puede vivir en un montón de niveles. Recuerdo que cuando empecé a sentir la vocación del canto tenía 17 años, vivía en un pueblecito de Andalucía, en la provincia de Córdoba, y empecé a cantar por generación espontánea, pero en la iglesia de mi pueblo había un grupito de personas que cantaban y empecé a cantar con ellos. Cuando era corista decía: si yo de corista gano suficiente para comer todos los días, ahí me quedo, pero no renuncio a nada. Un año después me hicieron comprimario (personaje secundario de la zarzuela), después me dieron un primer papel de solista en una zarzuela española donde escalé los puestos más altos, gané el sueldo más amplio que se puede ganar en España. Nunca renuncié a ser tenor de ópera, que es la profesión de tipo ecuménico y universal, lo que te da fama y dinero. Casualmente me fui a Italia a estudiar y ahí me oyó un empresario de la ciudad de México y me hizo debutar en este país el 12 de septiembre de 1964”.
El tenor expresó que detrás de su carrera hubo una serie de circunstancias como la guerra civil española o el padecimiento físico, “una pierna anquilosada”. Sin embargo, el amor por la profesión lo manifiesta citando a Beniamino Gigli: “esta carrera es la mejor que existe, no se puede comparar a ninguna otra actividad del ser humano, porque fíjate: haces lo que te gusta, para lo que tienes vocación, lo que te produce un placer físico y si encima de eso te pagan, ¡es el colmo!, tendríamos que pagar por sentir todo esto”.
A pesar de la satisfacción estética, Pedro Lavirgen reconoce el status del cantante de ópera y comenta: “fíjense la cantidad de cantantes que se pueden hacer millonarios: Ramón Vargas, Francisco Araiza y Jaime Aragal. Hay una legión que no son Carreras, Pavarotti y Domingo, que son los divos que pasan la barrera de lo que es puramente artístico; ahí hay un elemento mediático de televisión, marketing y estilos de vida impresionantes que les marcan una situación de divismo que los hace cobrar sueldos millonarios. Aún siendo solista en la ópera se puede ser un cantante famoso como Araiza o Ramón Vargas, sin llegar al super divismo de Placido Domingo. El dinero no da la felicidad, pero ayuda un poquito".
A los 62 años, Pedro Lavirgen seguía cantando Carmen, de Bizet; no obstante, su retiro de los escenarios tuvo lugar el año de 1997. Posteriormente fue jubilado del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, lo que lo puso al borde de la depresión, ya que como afirmó: “me costó menos dejar de cantar que dejar de enseñar”. Actualmente cuenta con su escuela privada en el norte de Madrid.
“Una vez le pregunté a la famosísima Renata Tebaldi, a quien le hicieron un homenaje en Italia al cual fui invitado: señora, ¿usted no canta ya? Ella me respondió: ‘no, no, yo ya he colgado mi voz de un clavo’. Eso digo yo también”, compartió el tenor.
Desde 1997, el tenor español no ha vuelto a cantar en un escenario, aunque en tono confesional refirió: “hay una cosa, soy un hombre religioso, entonces los españoles somos un poco como vosotros los latinomericanos, creemos de verdad y hacemos promesas o mandas. Yo hice una manda: tenía cinco hijos, pero uno de ellos murió en circunstancias trágicas en un accidente, entonces yo hice una manda que es cantar mientras mi espíritu tuviera voluntad y mi voz tuviera la más mínima fuerza. Cada año le canto al Cristo Amarrado a la Columna que se venera mucho en el pueblo de Priego de Córdoba. Prometí cantar una romanza a este Cristo mientras dure mi vida y mi aliento”.
En las clases magistrales de técnica vocal e interpretación que impartirá Pedro Lavirgen participarán 22 cantantes procedentes de Aguascalientes, Distrito Federal, Culiacán, Sinaloa, Tamaulipas, Guadalajara y Guanajuato.
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