Los paseos en tranvía y el museo privado de instrumentos de tortura, los más concurridos
Recorridos turísticos en Morelia, otro de los atractivos que amplían la oferta cultural
El misticismo, lo sobrenatural y el toque de fantasía que tiende a lo tétrico se abrieron paso con éxito notable entre la estela de conciertos, exposiciones y conferencias que definen la oferta habitual de la cultura en Morelia, como respuesta al notorio incremento de visitantes veraniegos que encuentran en la arquitectura e historia de la ciudad un escenario idóneo para ejercer el muy comprable placer que habita en lo desconocido.
Entre la imagen habitual de la Morelia nocturna en el primer cuadro de la ciudad, llena de paseantes locales y foráneos que abarrotan los edificios obligados, como la Catedral de la ciudad o los cafés a línea de calle, los promotores de recorridos de leyendas incrementan también su presencia en número para promocionar los paseos en las unidades turísticas y la entrada a otros inmuebles previamente ornamentados para recibirlos.
En esos decorados interiores que hacen una referencia directa al pasado y donde la oscuridad juega un papel primordial, la exactitud en la narración de los hechos se diluye en el porcentaje necesario para abrir las puertas a la superstición y al morbo que produce la maldad, aunque el secretario de Turismo en el Ayuntamiento moreliano, Enrique Rivera Ruiz, explicó que los guías turísticos que encabezan esas visitas están debidamente acreditados por la dependencia de turismo a nivel federal, precisamente para preservar la congruencia entre los hechos y su narrativa.
“Es un año y medio lo que dura su curso para obtener la credencial como guía especializado de turismo y que lo otorga la Secretaría de Turismo del gobierno federal en coordinación con el INAH, porque los preparan para que la información que den sea veraz y ellos han implementado este nuevo atractivo de recorridos con leyendas, y hasta donde entiendo ha sido con muy buena aceptación”, declaró el funcionario.
Sin embargo, la exactitud histórica en la narración de los acontecimientos influye poco en la elección de los clientes al momento de comprar su boleto, lo que ha permitido que edificios universitarios, como la Escuela Popular de Bellas Artes (EPBA) o el Primitivo Colegio de San Nicolás se unan también a la oferta nocturna dentro de los recorridos turísticos.
De ahí que fuera sólo cuestión de tiempo la proliferación de empresas independientes especializadas en organizar estos paseos, pues Enrique Rivera explicó que hasta hace dos años solamente existía el servicio implementado por el empresario Luis Miguel López Alanís, mientras que hoy se unieron los tranvías que operan en la plaza principal del municipio, con tarifas que oscilan entre 40 y 50 pesos, junto a una casa-museo con una colección privada sobre instrumentos de tortura utilizados en la etapa virreinal, y cuyo costo de entrada es de 25 pesos.
El museo privado, situado a unos metros de la alcaldía moreliana, en el primer cuadro de la ciudad, se compone de representaciones de cuerpos en el proceso de mutilación con herramientas bien conocidas, como El potro, y otras que no lo son tanto, como pinzas diseñadas para cortar la lengua, o el rastrillador, semejante a una herramienta de jardín con que se lastimaba la piel de los alcohólicos, según las explicaciones del guía, además de la infaltable muerte de los emparedados y las historias sobre ánimas en pena de quienes sufrieron esa suerte dentro del mismo edificio.
En cuanto al sistema legal que rige esta actividad comercial, se implementó una necesaria regulación donde, paradójicamente, las autoridades locales no juegan un papel relevante, sino que como mencionó Enrique Rivera Ruiz, son los mismos prestadores de servicios los que se vigilan mutuamente para impedir la proliferación de guías turísticos apócrifos.
Pese a lo anterior, y tomando en cuenta que la naciente industria de las leyendas es un innegable apartado más dentro de la oferta cultural que ostenta la ciudad, el visitante del museo privado de instrumentos de tortura, Ricardo Ureña, proveniente de la misma capital michoacana, expuso el concepto que encierra el atractivo real de todo esto: “es bastante recapacitante ver estos museos para ver la crueldad que existía sobre el mismo ser humano; sorprende y asusta”.