Una sociedad desigual, desenlace de la Revolución: López Portillo - La Jornada Michoacán
Usted está aquí: lunes 31 de mayo de 2010 Cultura Una sociedad desigual, desenlace de la Revolución: López Portillo

Conclusión de un análisis práctico sobre sus resultados, al margen de ideologías

Una sociedad desigual, desenlace de la Revolución: López Portillo

ÉRICK ALBA

La historiadora Felícitas López Portillo
La historiadora Felícitas López Portillo Foto: FOTO ALAN ORTEGA

El movimiento revolucionario mexicano, lejos de consideraciones ideológicas y en un análisis práctico sobre sus resultados en la actualidad, devino en “una de las sociedades más desiguales del mundo, al amparo de un capitalismo que se quiso nacional y que derivó rápidamente en dependiente y subordinado, a despecho de la promesa de una modernización ahora sí incluyente y basada culturalmente en la legitimidad de la herencia indígena”, señaló la historiadora Felícitas López Portillo, adscrita al Centro de Investigaciones de América Latina y el Caribe (CIALC), dependiente de la UNAM, durante su ponencia en la capital michoacana.

Como una de las últimas participantes en el seminario Del barroco colonial al nacionalismo mexicano, porfiriato y revolución, desarrollado por dependencias como la Secretaría de Cultura de Michoacán (Secum), la Universidad Michoacana y el Ayuntamiento de Morelia, la investigadora expuso el tema La Revolución Mexicana de 1910: entre las realidad y el mito, donde abordó temas como el desarrollo de la economía nacional, el sistema partidista, la evolución demográfica y el sindicalismo, entre otras cosas, desde los antecedentes del movimiento hasta nuestros días.

Así, Felícitas López Portillo se refirió a Petróleos Mexicanos (Pemex), al señalar: “la nacionalización del petróleo (…) derivó en la creación de Pemex, empresa hoy en día en quiebra técnica y ejemplo de la pésima conducción de un organismo-empresa estatal como monopolio político y económico de una camarilla, léase burocracia, sindicato y la Secretaría de Hacienda, encargada de ordeñar indiscriminadamente sus recursos”, y señaló como una de las causas de ese fracaso la sustracción de dinero de la empresa estatal hasta conformar el 40 por ciento de los ingresos fiscales mexicanos, lo que a su vez deriva en que este país sea uno de los que menos ingresos fiscales refleja en otros sectores, como el empresarial, en comparación con países con menos desarrollo administrativo.

Sin embargo, los problemas organizativos mexicanos después del movimiento revolucionario también se deben a un desequilibrio en el sistema de salud, pues mientras el avance en la medicina logró elevar las expectativas de vida a niveles de países desarrollados, el índice de natalidad sigue a la misma altura que los que presentan las naciones con mayor rezago social, lo que se convirtió en un problema cuando la baja mortalidad no estuvo acompañada “de una adecuada distribución del ingreso y de una cobertura educativa amplia y de calidad”, con el agravante de que desde 1950 al 2010 la población mexicana pasó de 27 millones 800 mil personas a casi 110 millones de personas.

La revisión histórica parece indicar que los años 40 del siglo pasado fueron la coyuntura de una política nacional mal enfocada, pues el proyecto de Lázaro Cárdenas del Río se ignoró por completo: la distribución de tierras realizada en su sexenio (1934-1940), junto a la nacionalización de la industria petrolera “buscó un desarrollo equilibrado, armónico; se postuló la idea de un México pastoril, dedicado a la agricultura de subsistencia, cuyos escasos excedentes serían suficientes para atender las necesidades de manufacturas y servicios de las comunidades rurales”, a lo que se opusieron los defensores de la industrialización, “pero su proyecto nacional desembocó en una dictadura que a costa de la libertad promovió un importante crecimiento económico, enajenado en gran parte a intereses extranjeros, y cuyos beneficios disfrutó una minoría de la población”.

Al mismo tiempo, el sistema político se orientó al control de las organizaciones populares, mientras que con el primer gobierno civil, el de Miguel Alemán Valdés, “se controló el movimiento obrero mediante el charrismo (sindical) y se otorgaron concesiones al liderazgo sectorial del PRI como premio a la domesticación y encuadramiento corporativo de obreros y campesinos”.

Luego, el proteccionismo institucional permitió un crecimiento económico anual que rondó el 6 por ciento, al que le siguió la expansión de la burocracia y el espejismo de la abundancia petrolera enarbolado por José López Portillo, hasta la llegada de las crisis recurrentes y la entrada del neoliberalismo convocado por Miguel de la Madrid Hurtado como vía de contención económica a través de la sustitución del mercado interno por las inversiones extranjeras, hasta consolidar la privatización de la economía nacional con la consiguiente compresión salarial y el rezago en la paridad cambiaria.

Aunque “se argumentó que el libre juego de la oferta y la demanda nos haría más competitivos hacia fuera y más justos y soberanos hacia adentro”, lo cierto es que América Latina compartía un escenario problemático representado por “las cuatro D: deuda, droga, democracia y desarrollo”, lo que derivó en un debilitamiento de la inversión, estancamiento económico y reducción en el nivel de vida de la población a nivel Latinoamérica.

Carlos Salinas de Gortari, aseguró la ponente, logró “una razonable estabilidad macroeconómica”, aunque también siguió en el camino de la competencia comercial contra las grandes potencias cuando las condiciones productivas del país no estaban en condiciones de hacerlo, por lo que se firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) hasta llegar a un crecimiento anual del 3 por ciento durante su administración.

El último gran golpe a la economía mexicana llegaría el 19 de diciembre de 1994, ahora bautizado como el error de diciembre, con Ernesto Zedillo a la cabeza, quien mantuvo el privilegio hacia las exportaciones olvidándose del mercado interno mientras luchaba contra la rebelión indígena desa-tada en Chiapas, hasta llegar a nuestros días, en que la guerra contra el narcotráfico ocupa los titulares del país.

 
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